Por: Alegría Rentería

El ámbar mexicano es inigualable en el mundo y se caracteriza por su color peculiar al cual hace referencia su nombre. A muchos nos gusta tanto su color que si se pudiera comer, nos lo comeríamos a mordidas, el ámbar es como la miel, muchos nos sentimos tan atraídos por su color, por su significado y por todo lo que lleva guardado en él.

Los dedos de la mano sobran para indicar los lugares en el mundo donde hay yacimientos de ámbar. México es de los pocos en América, y en la República Mexicana particularmente en el estado de Chiapas, en la región de Simojovel, donde están las minas de ámbar.

El ámbar es una resina vegetal y su forma fosilizada es lo que conocemos como ámbar, en el caso del ámbar chiapaneco, se clasifica como una joya semipreciosa por el nivel de dureza que llega a alcanzar al estar petrificada.

El ámbar de Chiapas es único, amarillo como el dorado y dueño de otras tantas tonalidades, dieciocho en México para ser precisos (no en todos los países hay tanta variedad de colores): variantes naranjas, amarillas, con musgos, o sin ellos, ámbar negro, ámbar rojo y ámbar verde, éstas últimas muy difíciles de conseguir dentro de las minas.

En cualquier pieza de ámbar todavía se llegan a encontrar fragmentos de insectos, hojas, ramas o burbujas de aire que quedaron petrificadas para permanecer en el tiempo y que nosotros, veinticinco millones de años más tarde, seamos testigos de la vida que quedó bellamente atrapada para contemplarla en retrospectiva.

Manos de Colores exhibe y comercializa el bello trabajo producto de las manos de muchos artesanos, cada pieza tiene el nombre de uno de ellos y nos sentimos orgullosos de darlo a conocer y que la gente mexicana y de otros países puedan portar piezas con el ámbar de mayor calidad en el mundo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *